domingo, 12 de diciembre de 2010

Las mujeres de mi familia

Pensando en uno nació el otro....



     Ya el nene nacería, era un hecho. No era posible que lo que atacaba mi mano desde el otro lado del vientre de mi hermana era un parásito que se nutría de sus entrañas... o ¿tal vez sí? ¿Cómo es posible? Bueno obviamente, se cómo y además de posible muy probable. Aquel ser que compartía mis genes y mi sangre era tan fértil como güima en noches fria de luna llena y por si fuera poco era Negrón. Según las fuentes fidedignas del sector Las Flores en Villalba, los Negrones llevábamos la desgracia de tener vena de alcohólicos, bellacones entre otros atributos netamemte boricuas. Las viejas del barrio se pasaban horas muertas hablando de esa familia. De como El Patriarca se tiraba a la chilla a metros cuadrados de donde su mujer preparaba el café de las tres de la tarde. Como el dinero de su sustento se moría de la risa entre los riñones del Patriarca. Mientras en la cama paría la cafetera, libras de muchachitas y muchachitos por aquella grieta que descansaba entre las piernas de mi abuela. Y así llegó a parir catorce muchachitos. Mami fue la número trece. Menudito lugar para nacer: alcoholismo, infidelidad, esquizofrenia y hasta suicidio. Pero Mami se las arregló y a pesar del espaldarazo del Patriarca llegó hasta la Universidad de Puerto Rico y se graduó. Mami se casó virgen como boricua antigua y casta y se rebeló después del divorcio. Errores pasaron: casamientos y divorcios. Ya tiene tres hermosas jóvenes y dos de ellas serán madres. Yo por el momento le doy nietos y nietas literarias. Somos mujeres salidas de la desgracia y la sumisión pero ya no es así. Ya el chico salió de su vientre y ella lo mantiene solita. Mami mantiene un negocio exitoso y su primogénita le sigue los pasos. Y yo, yo sigo pariendo textos, aun después de que mi vientre se decida a producir luz...

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