lunes, 13 de julio de 2015

¿Qué aprendiste en la Universidad?





     Hola. ¿Qué tal? ¿Cómo les va? Hace tiempo que no pasaba por acá. Ahora, un par de meses y libras después, me encuentro con la necesidad de catarsisiar mis emociones de manera digital. Tengo mucho que sentir y a veces no se ni cómo manejarlo, simplemente dejo que mis dedos tomen el control del teclado y bailen. Que bailen de la manera en que mis pies ya no pueden. Como no lo puedo apalabrar pues lo bailo, en mi caso sería todo lo contrario. Siento todo el tiempo y a veces no hay forma de pararlo, digo a veces, la mayor parte del tiempo para no decir siempre y caer en generalizaciones eternas. Entonces la vida me ha traido frente a ustedes para que les cuente algo.

     Dicen que el bachillerato toma cuatro años en realizarse, a mi me tomó unos siete años de los cuales no en todos tuve suerte pero al final tuve éxito. Una vez, Mirella y Samuel quien ya no está en cuerpo presente pero descansa, espero yo que en paz, me preguntaron una de estas preguntas inteligentes que te ponen a pensar. Lo lindo de todo es que yo pensaba que era para pensar en mi interior, así como una pregunta retórica, pues no era una pregunta concreta y estaban listos para escuchar. No recuerdo la respuesta exacta que les dije pero lo pensé largo y tendido y me dispuse a contestar para no quedar como una joven llena de aire en los sesos.

     Quisiera practicar nuevamente el experimento con ustedes. ¿Qué aprendí en esos siete años? Aprendí algo que ya sabía, la vida no es fácil pero la vida con cada año se va convirtiendo en un nivel de difícil a más avanzado. En mí casi creo que ya voy por el nivel experto, sección buda/ninja/jedi. ¿A ustedes no les pasa lo mismo?

     Aprendí unas cosas en Pre-cálculo I y II  que ahora ni puedo recordar. Aprendí algo de estadística que terminaba en interpretar los datos y decidir de manera interpretativa y no necesariamente en un baile, sino en tus análisis de esos números qué significaba para la sociedad. Aprendí que no todos los hombres mayores están puestos en tu camino para que te jodan la vida. Aprendí de muchos autores y actores. De Alejandro Dumas y que mi libro favorito se llama La Insoportable Levedad del Ser de Milan Kundera y que está muy cabrón tanto así como el Ensayo de la Ceguera y el otro libro del mismo escritor y que debería leer ya que sus tramas se interconectan. Aprendí que el sistema burocrático es más desagradable que como lo pintan los grafitteros en las calles. Que el periodismo cada día degrada sus reportajes a un nivel más bajo que los bonos puertorriqueños, aquellos que han sido categorizados como aquel metal, aquel el chatarra.

     Aprendí de la cojoba que utilizaban algunos tainos. Aprendí que las enfermedades mentales pueden tener su lado delicado y hasta bonito. Aprendí que en esta vida debemos movernos así sea hasta con la fuerza de la voluntad mental. Aprendí que una clase puede hacer que tu vida gire entorno hacia esa concentración. Que Mario Arill es uno de los mejores profesores de psicología y que José A. Cabán es uno de los mejores en Antropología de la Cultura, en la historia de la UPR y sus once recintos. Aprendí a conocer a Hemingway de otra manera aquella medianoche en París en la que me asomé a verlo desde un cinema caro de las artes finas en Hato Rey.

     Aprendí que un estudio demostró que mientras más grande es el recinto, menor el grado de logística en eficiencia para el estudiantado en hacer sus diligencias universitarias. Un saludito a Tarzán y su Colegio. Aprendí que no siempre hay que decirle que si a una aventura sexual, así hayamos coqueteado durante el camino. Que no significa no. Aprendí que las drogas pueden ser más fuertes que yo. Aprendí que me puedo morir en un segundo. Aprendí que hay personas buenas en el planeta que se van  y otras que se quedan para alegrarnos un rato más. Aprendí que a veces si se puede confiar y hay otras veces que aunque no querramos caer en juzgadores de apariencia, tal vez si tiene mil tajos de jeringuillas, si tiene una lágrima tatuada en su ojo derecho y además huele mal y se llama "Manny" pues probablemente sea un tecato que usa mi carro para ir al shooting y se mete los $500 que le di para que le cambiara las piezas que nunca vi.

     Aprendí que existían los maratones 5k y 10k para personas en silla de ruedas y que los puedo ganar casi todos o todos con renumeración económica porque no hay casi mujeres que compitan en esa categoría. Aprendí a tener condición física. Aprendí que tenía que salir por lo menos tres o cuatro horas para poder vencer cualquier barrera arquitectónica, gastronómica o económica que pudiera aparecer. Aprendí que la UPR de Río Piedras no es más que un universo donde están fusionadas todas las personas que conocí en el recinto de Mayagüez y en el recinto de Bayamón. Aprendí que si mencionas la Ley 51 como si te la supieras tal como se sabe la Borinqueña rebelde un boricua-fupista-independentista-soy-pelú-socialista-no-me-baño, puedes conseguir cosas que un par de ojos grandes y caderas amplias no podían conseguir. Aprendí que no pude ir a mi graduación de noveno grado y tampoco a la del bachillerato.

     Aprendí que el sistema bajo el cual se contruyó la UPR es una soberana basura pero que sus #ProductoUPR son las crema de la crema y no dudaría en poner a combatir de manera intelectual a todos mis estudiantes egresados. Pondría mi cabeza en un picador por el conocimiento de aquellos que pasaron por el único patrimonio que le queda a este país.

     No obstante, ¿saben qué cosas no me enseñaron? La Universidad no me enseñó a buscar trabajo. La Universidad no me dijo que por clasificados en línea tendría que enviar unos 300 correos electrónicos diarios para solo recibir un cinco por ciento de esa cantidad enviada en respuestas. No me dijo como recibir el rechazo de un entrevistador. Me enseñó a esperar barreras arquitectónicas en todos lados. La Universidad no me enseñó a como lidiar con los celos profesionales. No me enseñaron en la Universidad a superar que no me llamaban de aquel trabajo donde al parecer la
 entrevista había sido un éxito. Nosotros te llamamos y primero llamaba ese tipo con el que te besaste porque estabas un poco ebria. No me enseñaron a depender de una entrada de dinero llamada nómina.

     Si me enseñaron que en ésta, la Isla del Encanto, se trabaja todo por palas, pero no me enseñaron nunca que me dolería tanto cuando me pasara en carne propia, estar tres meses en una compañía y la cuñada de Fulana vino a trabajar con una mejor oficina, más horas y le pagan más claro y se la llevan de crucero. Esto muy a pesar de que Fulana a penas tiene un grado asociado de sanduichito college y tu un bachillerato de la mejor Universidad de Puerto Rico. Independientemente de qué Fulana diga "Haiga" y no sepa contestar el teléfono de manera profesional. No me enseñaron que el sistema burocrático de la palocracia seguiría operando aún muy después de haber terminado mi travesía por sus recintos.

     ¿Qué aprendí en la Universidad? Que el sistema puertorriqueño se rige bajo los estatutos de la palocracia cuando si realmente queremos alcanzar la excelencia debemos practicar la meritocracia.












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