Mostrando entradas con la etiqueta sexo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sexo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de enero de 2011

Promiscuas...


     Es jocoso ver como personas con ínfulas de aparentar intelectualidad utilizan palabras rimbombantes como la palabra ínfulas y la palabra rimbombante. Cuando bien pudo haber dicho que es gracioso como las personas que "frontean" por internet con dos o tres artículos ya se creen que son la jodienda humana en jueguitos mentales y en psicología. 
     Estoy hablando de Goliath y Jaze y todas esas personas que le rinden culto a la misoginia, ese odio perpetrado hacia la mujer. Entre sus argumentos más complejos figuran que si es mujer debe ser puta e interesá. ¿Olvidan que el tajo de donde salió su vida es o era del género femenino?
     No es que defienda el sexo desenfrenado e irresponsable pero si alardeas de conocimiento psicológico, estarías familiarizado con algo llamado Ciencia Social. Las mismas pueden ayudarte a entender el porque existen las mujeres que tienen sexo muy a menudo con varias personas. 
    En síntesis estas personas plantean que una mujer que regale su vagina a cualquier poseedor de falo, dinero y/o fama se le denomina puta, aunque no necesariamente cobre remuneración por brindar el placer sexual. Pero detente y piensa (reitero no es defensa, ni justificación, sino una explicación como científica social) esa niña a quien destruyes su dignidad, si alguna quedaba, tal vez no tuvo un padre que le enseñara lo que es el amor y buscando aceptación se le regala a lo que confunde con amor genuino. Busca desesperadamente en todos los sitios equivocados esa figura paterna. O bien también pudo haber sido que conoció el amor de padre, mediante el abuso incestuoso. Una niña abusada sexualmente y/o maltratada NO CONOCE más allá de una caricia sexual porque eso fue lo que se le enseñó desde pequeña. Entonces piensa que el sexo es la única manera para sentir el amor. Dígame usted, lector que hasta aquí llegó, ¿quien desea conocer el amor y la aceptación? Todos así lo deseamos. Más sin embargo este ser abusado no puede madurar sin antes sanar y entender que existe el cariño paternal genuino libre de caricias sexuales. Esto no significa que sea el padre el único culpable, capaz de infligir daño. Es posible que a negligencia de una madre provoque el abuso de la niña. Cuando no 
El odio que se fomenta en la red es tan retrógrado como las muertes a pedradas que aun se ejecutan en el Medio Oriente. Un hippie barbudo qllamado Jesus fue uno de los primero en condenar esto. Y no, no quiero meter la religión en esto porque la Iglesia católica es una de los tantos paladines de la misoginia, sino a la objetividad. Humillas y ridiculizas pero no haces ningun bien a la sociedad salvo destruyendo vidas de niñas que no fueron educadas mucho menos amadas. Sólo ejerces el dominio hegémonico patriarcal para que la mujer no pueda escapar de su estado de sumisión y eso, al igual que ustedes, me dan asco.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Las mujeres de mi familia

Pensando en uno nació el otro....



     Ya el nene nacería, era un hecho. No era posible que lo que atacaba mi mano desde el otro lado del vientre de mi hermana era un parásito que se nutría de sus entrañas... o ¿tal vez sí? ¿Cómo es posible? Bueno obviamente, se cómo y además de posible muy probable. Aquel ser que compartía mis genes y mi sangre era tan fértil como güima en noches fria de luna llena y por si fuera poco era Negrón. Según las fuentes fidedignas del sector Las Flores en Villalba, los Negrones llevábamos la desgracia de tener vena de alcohólicos, bellacones entre otros atributos netamemte boricuas. Las viejas del barrio se pasaban horas muertas hablando de esa familia. De como El Patriarca se tiraba a la chilla a metros cuadrados de donde su mujer preparaba el café de las tres de la tarde. Como el dinero de su sustento se moría de la risa entre los riñones del Patriarca. Mientras en la cama paría la cafetera, libras de muchachitas y muchachitos por aquella grieta que descansaba entre las piernas de mi abuela. Y así llegó a parir catorce muchachitos. Mami fue la número trece. Menudito lugar para nacer: alcoholismo, infidelidad, esquizofrenia y hasta suicidio. Pero Mami se las arregló y a pesar del espaldarazo del Patriarca llegó hasta la Universidad de Puerto Rico y se graduó. Mami se casó virgen como boricua antigua y casta y se rebeló después del divorcio. Errores pasaron: casamientos y divorcios. Ya tiene tres hermosas jóvenes y dos de ellas serán madres. Yo por el momento le doy nietos y nietas literarias. Somos mujeres salidas de la desgracia y la sumisión pero ya no es así. Ya el chico salió de su vientre y ella lo mantiene solita. Mami mantiene un negocio exitoso y su primogénita le sigue los pasos. Y yo, yo sigo pariendo textos, aun después de que mi vientre se decida a producir luz...

jueves, 14 de octubre de 2010

130 millas

Abrí mis ojos y las imágenes se agolpaban en mi mente, casi con la misma velocidad que una vez casi acaba con mi vida. Todo parecía tan confuso. El paroxismo gobernaba el lugar. Me veía vomitando, luchando con centenares de artefactos y tubos conectados a mi cuerpo. Pero una vez pude despejar mi mente de todos los recuerdos que venían a la vez sin orden aparente, pude ver con cierta claridad lo que sucedía a mi alrededor. Todo estaba oscuro, el primer pensamiento que viene a mi mente es: -“Mierda, otra vez en el hospital. Pensé que ya para este momento iba a estar bien… hubo un tiempo en que sí conocía lo que ocurría pero, ¿qué sucedió? Lo olvidé. ¿Por qué estoy aquí? Lo recuerdo poco y posiblemente mal. Estuve enferma por largos periodos de tiempo y al parecer esto envolvía muchos vómitos. Pero exactamente, ¿qué me había sucedido?”

Miro mi cuerpo y el enjambre tubular seguía conectado a mí. A mi derecha esta lo que parece ser un homenaje a mi persona. Fotos mías, de mis hermanas y mensajes de aliento. Aunque estoy casi segura que será un momento patético y cursi, esto me provoca una lágrima y casi me ahogo dentro de lo que consideré ser un momento patético y cursi, pero al fin y al cabio auténtico y real. Ahogo un sollozo, cuando comparo mi vida junto a mi familia, mis hermanas y a lo que había quedado reducida en estos momentos. Un ser sin aparente habilidad para la autosuficiencia.
Photobucket


Frente a mi veo la figura humana de alguien que me parece ser un poco familiar tanto sus atuendos como su manera de mirarme. Pienso en aquel ser que evoca los recuerdos de quien frente a mi tímidamente se sostiene, pero tiene espejuelos. Se que es él por su vestimenta, sabía que le gustaba vestirse de blanco pero todo su ajuar era de ese color, hasta la gorra. Una moda que andaba prejuiciada y no por ausencia de precedentes y actos. Pero este ser para nada tenia que ver con la violencia usualmente asociada para aquellos que prefieren la ropa angosta, las tenis y la indispensable gorra. Dependiendo de tu época y segmentación geográfica le podrías llamas caco ridículo o rapero maleante. Pero este ser nada tiene de ridículo en sus aires, mucho menos maldad. Su semblante refleja angustia, tristeza y una eterna preocupación. Cuando intento comunicarme mi voz ha sido raptada y nada sale. Esta en lo que parece ser una sala de espera, sentado, preocupado, observando. Se acerca y una monja aparece detrás de mi camilla y con un ademán le indica que no puede, y con severidad aun más apremiante le dio a entender que no debía estar ahí. En algún otro sitio le esperaban y era tiempo de marcharse para él. El le indica que solo quiere ver mis fotos que luego se marchara. Todo esto sucede mientras que yo sigo sin voz, aun sin entender que sucede.

Sentados frente al balcón de su casa, peleaba con mi vergüenza y la angustia. Me sentía tan estúpida, tan usada… tan pendeja. Mientras adentro ese infeliz se mofaba de mi ingenuidad, acá, él solo me consolaba. Sus palabras, tal vez algún cliché para consolar a niñas que por falta de cinismo y exceso de ingenuidad cayeron en las trampas de la mentira, surtieron sin embargo algo de efecto. Me dijo que era tan linda que no debía dejar que ni él, ni nadie me derrotaran. Me dijo que nadie tenía derecho a hacerme sentir como él lo había hecho. Con eso en mente me preguntó si estaba lista para janguiar. Por supuesto que sí. Debía además poner en práctica su consejo. Así que decidimos ir a ese club conocido por atiborrarse de estudiantes que preferían algo más que escuchar bandas en vivo y el karaoke. Era aquí donde los bailarines se lucían y exponían sus mejores movidas. Era aquí donde las niñas con un cinismo recién fundado y una aparente malicia que sembraba algo de confianza en sus cuerpos despechados, retaban al mundo fálico. Estaba en la barra ordenando una Medalla cuando vi por quien me habían cambiado. Me irrité tanto, que mi consuelo en el acto lo notó y momentos después siento que me hala hacia la pista, antes de que cometiera una locura de la cual me arrepentiría en la mañana. Me comenta con su sonrisa a flor de piel: -“A ti como que te gusta frontiar.” El coraje que sentía era mayor pues la conocía y sabía que ella ni ganas tenía de conocerle. Tonta fui por creer en sus palabras vacías. Pero irónicamente su compañero de cuarto estaba allí para ayudarme a no cometer una estupidez. Me convenció de ir a otro pub donde el imbécil aquel no estuviera presente y por unos momentos disfrutar de la noche.

Mami viene al cuarto con su eterna carita de pena colgada en el rostro. Le comento que quiero fumarme un cigarrillito. Ella y yo fumábamos antes de que me ataran a una cama. Ella con su inmensa ternura me comenta que no debemos fumar y mucho menos en el hospital. Le comento que detrás de mi hay una puerta y que fácilmente nos podíamos dar una escapadita para llenar una vez más nuestros pulmones de deliciosa nicotina. Para darme apoyo moral me repite suavemente que no debemos que ella había dejado de fumar desde que me había acomodado en los aposentos del no tan hospitalario hospital. Le lanzo una risa sarcástica pues, ¿cuánto podría llevar allí? Cuatro, cinco días ¿tal vez? Mi cara cambia de incredulidad al asombro al descubrir que son ya cuatro semanas las que llevo postrada. Los recuerdos siguen llegando como saliendo de una maraña indefinible. No recuerdo el pueblo pero ya no estamos en Mayagüez. Luego de llevar al infeliz con sus amigas a otro lugar nosotros partimos. Nos bajamos en un negocio y frente a mí hay una mesa de billar. No se, tal vez pueda ser su compañía, o vulnerabilidad, desconozco si es su apoyo o su semblante pero algo en mi consuelo me atrae. La música es buena y retumba en las bocinas y por mis venas. Las máquinas de humo lanzan con todo su apogeo humo y llenan el lugar de nubes blancas que nos remontan a aquellas fiestas de marquesinas. Aprovechábamos su refugio y la falta de luz para pegar aquellas partes que no debían estar unidas al ritmo del reggaetón. Cuando logro salir de mis recuerdos me percato que él ya había comenzado a entablar una amena conversación con el dueño del lugar. No se que palabras intercambiaron pero el dueño termina regalándole una cajetilla de Newport y nuestro chico ni siquiera fuma, pero yo si y aun cuando no es mi marca predilecta nicotina es nicotina y más aun cuando viene gratis. La coloco en mi cartera junto con otras pertenencias que son un tanto comprometedoras. Le reto una partida de billar y la verdad es que así como el pueblo donde me encuentro, el ganador tampoco lo recuerdo. Diviso otra de mis debilidades y me aventuro a cantar en la máquina de karaoke el clásico de Alejandra Guzmán: “Hacer el amor con otro”.

Es todo una confusión. ¿Estuve en un accidente? ¿Estuvimos? ¿Quién andaba conmigo? ¿Cuántos más estarán como yo? ¿Cuántos estarán mejor? ¿Habrá alguien peor? Entre tantas preguntas siento que me ahogo.

En realidad es un tapón de moco que oprime mis respiraciones y de la nada sale un enfermero a introducir lo que parece ser un catéter de succión dentro de mi cuello. Era peor sentir esa manguera succionándome el alma y aquello que probablemente tampoco lo es pero reside allí, que el tapón de moco que me impedía respirar. Por más que manoteara el enfermero seguía órdenes de succionar mis cavidades para poder respirar mejor. Intentaba gritarle que prefería ahogarme pero me contestaba que si reconocía que el procedimiento era barbárico que era horrible pero tenía que hacerlo. Luego al rato podía respirar mejor. Nunca pensé que luego me encontraría pidiéndoles el dichoso procedimiento a los enfermeros o técnicos. Me enseñaron a escupir hacia una manguera que succionaba las secreciones que se acumulaban en mi boca. Despertaba demasiado temprano y el anochecer llegaba antes que mi sueño. Despertaba preguntando por Mami y las enfermeras me respondían: -“Ella ya esta ahí, hay que esperar la hora de visita.” Las horas pasaban lentamente, el cuenta gotas que estaba conectado a mis venas parecía ir más rápido que el tiempo. Veía dramas de enfermeras, dramas de enfermero, pacientes revolcándose en la cama con el dolor. Unas enfermeras eran un asco y me decía que jodía mucho. Otras se sentaban tiernamente a escribir a mis pies mientras les lanzaba hielitos que eran infiltrados secretamente por ella pues se supone que no los debía tener en mi poder. Un drama se desencadenaba en las mañanas cuando le mendigaba agua al conserje que me intentaba alegrar la vida diciéndome cosas de su vida, o tal vez era el quien intentaba alegrarse su vida al mirar el asco de la vida de otro.

A alguien no le gusto mi canción de Alejandra Guzmán pero la verdad es que la paso tan bien que ni me importa. Mi cabello ondulado brilla ante las luces que deslumbran, creando destellos verdes en mí marco facial. La mezcla del dorado de mis rizos con el azul de los laser logra crear esta mezcla. La falda blanca asoma unas piernas de manera seductora. Mi camisa azul ajustaba las miradas de todos justo al nivel de una minúscula cintura. Dichosas las pupilas que lograban mantener una conexión visual en mis ojos por más de unos segundos. Pues el maquillaje junto a la belleza generada por generaciones de generaciones que producen una mujer más bella que la anterior habría creado solo lo mejor de lo mejor. En aquellos derroches de juventud y belleza que complementados junto al alcohol me hacen creer bajo las influencias de este juicio una inmortalidad imaginada.
Photobucket
Eso era lo que era. Pero ahora que lo pienso la verdad es que ya no se si queda algo de aquella en mí. Había quedado reducida. El término que vernáculamente era atribuible al proceso al cual me vi sometida es el de reducción mínima del ser humano. Una pila de mierda que representaba trabajo para las enfermeras. Estos pensamientos y comparaciones eran las responsables de ahogarme en mi propia pena.

Es momento de irnos. Tomo mi cartera y mi celular y nos dirigimos hacia el carro. Todo ser intoxicado de feromonas, hormonas, alcohol o todas las anteriores, lamentó la partida de la coqueta fémina. Sus caderas, al vaivén de un reloj imaginario se movían con el vaivén que solo las latinas conocemos. Un ritmo secreto que pocas conocen su verdadero poder. Una vez acomodados, pregunto cortésmente lo que ya conozco de antemano pero solo por aquello de ser cortés. ¿Puedo fumar en tu carro? Me contesta que si puedo, una vez acabado el cigarrillo, preparo mi pipa para fumar tener sueñito y dormir hasta mañana. Ando adormilada mis ojos quedan cerrados por breves minutos.

Así que fue un accidente. Lo recordé a la semana de haber despertado en el hospital. Había cosas aun confusas pero las ideas que por lo general concordaban eran las de choque y hospital. Recuerdo música para relajarme y hasta moví mis hombros espontáneamente ante el sonido de lo que parecía ser una bachata de Arjona. Causando una respuesta inesperada por parte del personal docente de las enfermeras. Para la sorpresa de algunas y entretenimiento de todas las enfermeras, la moribunda aun tenía fuerzas para moverse y no a causa del dolor. Esto dentro de la pesada atmósfera que siempre se respiraba en el lugar, logra aligerar la carga. En algún momento vi mi cuerpo bailar en un baño con una enfermera pero no logro identificar si es algo real o solo un sueño muy basado en la realidad. Detalles junto a los datos de la familia y lo que ocasionalmente escuchaba de los doctores, las enfermeras me contaban pude deducir que había sido un accidente. Mi familia tenía muchas conexiones y pasaban a menudo personas conocidas dentro del personal del hospital.

Me levanta una voz que me levanta y me pregunta: ¿Corremos? Sin pensarlo le contesté: -“Pues dale.” El velocímetro se acercaba al numero noventa. Millas después la aguja coqueteaba con el número cien y yo me percaté que andaba sin cinturón. Vamos volando y en una luz del carajo sale un carro virando en U pero la luz es de nosotros. Fernando da un brinco e instintivamente le da vueltas al guía hacia la derecha, dirección contraria de donde venía el carro que ahora podemos ver que es una Vitara blanca la que se abalanza hacia nosotros. Oscuridad.

Un amigo de la famila esta sentado a mi lado, y la expression de tristeza me comienzan ya a incomodar un poco. Si estoy viva, ¿por qué andan con esas caras de pena? Con un hilo de voz me dice que no puedo caminar. ¿Cómo es posible? Hace apenas unas horas atras bailaba bachata en el baño con una enfermera? Me mira como a quien se le mira cuando se pierde la razón y me repite que no puedo caminar. ¿Cómo es posible? Si cuando las enfermeras me sacan la sangre de los pies ellos brincan. Su semblante es el mismo mientras busca en su teléfono fotos de como habia quedado. Mi ojo violeta la cara desfigurada por el exceso de liquido propiciado por un fallo renal. Mis lágrimas fluyen junto a las de él.

Abro mis ojos porque una señora me levanta. Rubia, pelo lacio de la edad de mi madre y pregunta angustiada si me encuentro bien. Cuando logro por fin descifrar lo que acaba de ocurrir, reacciono, lógicamente creo yo y le pido que tome mi celular y llame a mi madre. Más lógico hubiese sido que llamara un paramédico pero en el acto no se me ocurrió. Miro a mi alrededor, huele a goma quemada y asfalto. El olor clásico de un choque. Las bolsas de aire desparramadas frente a mí. Mi brazo tiene un angulo raro, nunca le habia visto tomar esa dirección era básicamente una S. No podía salir de mi asombro, estaba obviamente partido. En lo que no se si fue lucidez o la carencia de la misma pero me la situación me divertía en cierto sentido. Viviendo la experiencia de un brazo partido, esa nunca la había vivido. Mi barriga ensangrentada estaba literalmente con las tripas por fuera. Llamo a Fernando y nadie me responde, llega el paramédico me pregunta si puedo salir del carro. Que pregunta tan tonta, más sin embargo no se me había ocurrido salir. Cuando trato de levantarme, mis piernas no responden. Le digo que no puedo salir. Me comenta que sacarían primero a mi amigo que estaba más “mailto” que yo y luego a mí. Cuando comienzan a sacarlo, mi consuelo comienza a gritar: -“Sácame de aquí, cabrón, sácame.” Miro fuera del carro y hay una aglomeración de estudiantes que conocía. Todos con la misma expresión facial que más tarde se convertiría en aparente modalidad. Con ayuda de una camilla inmobilizadora amarilla me llevan a la ambulancia. Confieso sentí miedo de caerme por el lado pero llegué a salvo a la ambulancia. Una vez dentro me aventuro a preguntarle a la paramédico si iba a morir. Con una expresión de desconcierto me contesta que no sabía. Comienzan a desnundarme, a cortarme los accesorios. Oigo las piedras de mis pulseras en el piso y jocosamente les digo que les enviaria la factura por las pulseras. Me devolvieron la broma comentando que ellos a su vez mandarían la factura por salvarme la vida. Me pareció un muy buen punto.

Una manada de doctores estan sobre mí. Me explican que tengo un tubo alojado en mi pecho, entre mis costillas y es hora de sacarlo. Debo levanter mi brazo derecho y hacen una incisión para descubrir el tubo alojado. Con una indicación de tomar la mayor bocanada de aire posible, lo halan, llevándose consigo mi habilidad para respirar. Sentí como mi caja toráxica se desplomaba sobre mí. Luego de momentos de tensión recupero el ritmo para respirar.

Llegamos a Centro Médico de Mayaguez. Me apresuro a preguntarle al doctor que me mira despectivamente sobre el paradero de mi amigo. Con un ademán de esos que le acompañan a ciertos doctores con delirios de deidad me respondió: -“Se murió, ¿quién los manda?” Luego cerró de un manotazo la cortina mientras yo me deshacía en insultos e improperios. Luis llegó y mi corazón se desplomó pues venía a pie y con mucho sacrificio. Cometió el error de preguntar por mi amigo a los padres que habían llegado ya. Antes de poder advertirle, su padre se me adelantó y con el nudo en la garganta dijo: -"Murió"

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La psiquis del sexo



Psique es la esposa del amor y por suegra tenía a Afrodita. Tener de esposo al amor y por suegra la mismísima diosa de la belleza, la fertilidad y el amor sexual, –¿cuán fácil podría ser enfrentar un gran complejo de Edipo de este existir en Eros? Estos temores a los complejos desaparecen fácilmente ante el acto que tomó Eros al defenderla de su madre, quien celosa intenta deshacerse de Psique sin lograrlo. Eros la salva conviertiéndola en diosa.

Psique además es considerada el alma de los seres vivos. Desde el punto de vista de las ciencias naturales se considera que el órgano de la psique es el encéfalo. La psique es la fuerza vital de un individuo.
Por medio de pulsión surge ese deseo impulsivo. Es como bien ya dije un impulso psíquico característico de los sujetos de la especie humana Se activan las partes del cerebro más rudimentarias y los sonidos guturales y salvajes comienzan a desbordar. Se denominan así pulsiones a las fuerzas derivadas de las tensiones somáticas en el ser humano, y las necesidades del Ello.

–¿Qué es el Ello? El Ello es la parte primitiva, desorganizada e innata de la personalidad, cuyo único propósito es reducir la tensión creada por pulsiones primitivas relacionadas con el hambre, lo sexual, la agresión y los impulsos irracionales. Constituye, según Freud, el motor del pensamiento y el comportamiento humano. Opera de acuerdo con el principio del placer y desconoce las demandas de la realidad. Allí existen las contradicciones, lo ilógico, al igual que los sueños. Representa la necesidad básica del ser de cubrir sus necesidades fisiológicas inmediatamente y sin considerar las consecuencias. El Ello no es sinónimo de inconsciente. Representa nuestros impulsos, necesidades y deseos más elementales.

Durante, bueno no durante, pues el acto sexual es algo contínuo una vez comenzado. El mismo se desarrolla y a veces entra para desgracia de unos en una faceta de estado durmiente pero creo que difícilmente muere. Es algo que se te queda rondando la cabeza como un pensamiento que va fermentando todas las partes de tu cerebro hasta que terminas bien daña'o. Envuelve la psiquis del individuo o, –¿es el sexo una energía que desarrollada entre dos individuos que logran crear su propia psiquis y su propia realidad? Concuerdo con la primera premisa creo que la psiquis de sexo se compone de la combinación de las psiquis de los integrantes del juego, ya sea uno o cuatro. A esta combinación se le suman los estados de conciencia de cada uno junto con sus percepciones y recepción de estímulos. Esta suma de todas estas conciencias junto a las energías de cada elemento el sexo es un acto tan volátil que de la comisura de tu boca puede colgar el elemento detonante de una deliciosa pasión que al mismo tiempo podría ser el silenciador de los sonidos guturales y salvajes y de toda acción.

     Los primeros encuentros sexuales con otra persona ocurre a diferentes edades. Por lo menos para mí, al principio las cosas eran tan excitante (no que hoy hayan dejado de serlo) pues no tan sólo se estaba experimentando algo rico sino también algo nuevo que era ante todo algo anticipado. Esta anticipación al deseo va en dirección proporcional al tiempo de espera. Ya fuera por referencias o pura imaginación ese encuentro era idealizado en mi cabeza.

     Al momento de realizar las delicias mi mente se convierte en una cámara de video y toma la acción la película una vez terminada era puesta en escena una y otra vez. Cada momentico de ocio se convertía en algo ansiado por la procastinadora costumbre de dejar los deberes por soñar en los arrulladores susurros de la memoria fotográfica.